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Díme, marinerito, ¿ a dónde vas ?,
preguntó la gaviota, curiosa.
Navego de la mano de la brisa amiga y,
sonriendo, saludo a las olas
que salen a mi encuentro.
¿ Y tú, gaviota viajera, por qué
me lo preguntas, acaso
no haces lo mismo...?
Desde la bahía sólo se veía
un niño chapotear en el agua.
La mañana estaba tranquila y
las gaviotas retozaban en la playa.
Desde la bahía...
se veía solo un niño
que jugaba con el agua.

Ilusión no es quererte.
No es hallarte, ilusión,
al fin de las tardes.
Díme, corazón celeste,
palpitando inmensidades,
¿no es reconocerte
acaso la ilusión?
Ilusión es quedarme en ti
para encontrarnos,
de regreso, y
seguir amándonos.

Era una estrella de mar, madre !,
y yo
escudriñando arriba el cielo.
Me adentré en el azul oscuro,
y tú
en la arena de la playa dormías.
Era una estrella de mar
que dormía en la arena,
que soñaba en la playa.
Una estrella de mar, madre!
Y yo la buscaba en el cielo...

Acaricia el mar del sur
su techo blanco,
dormido el cielo.
Y el alba, a gritos,
en la lejanía del norte,
veletea ansiedades
de ceniza y oro,
suspiro y sueño.
Dibujaba una estela
la luz en el mar.
Apenas un instante, enfebrecido.
Y ahora, lúcido y radiante.
Ponga rumbo libre, maestro !,
le grité al timonel.
Me miró el patrón, sonreía.
Era dios quien
manejaba el barco,
nos acercábamos ya
a Puerto Claridades...
La ruta de los tiempos
se lo llevó.
Apenas un recuerdo,
de pronto, una ilusión.
Mano oculta
la del misterio, que hizo girar
el pomo, antes oxidado.
De súbito, así hubo de ser.
Y apareció, entero, el pasado
hecho futuro o, también,
lo que tenía que ser.
Y sucederá después
lo que ahora recuerdo.
Porque siento,
temblor apresado
de olas, sediento.
Porque extraño,
penumbra nocturna
que anuncia desvelos.
Porque amo,
mece la luna
silencios de mar.

Me preguntaste
si te quería...
Ausencias, sentires,
calidoscopio de caminos
de tierra y agua.
Y hasta de aire.
Aromas, fragores,
frescura presente de verdes
y ocres pajizos.
Nieve en las cumbres que,
como joya plateada,
se regala al mar
de los brazos abiertos.
Sonrisa en los labios,
leve, insinuada,
como tesoro que descubres...
Así te quiero.

Te propongo un viaje...
Olvida esa mosca
distraída del cristal y
atrapa al vuelo
ese instante mágico, que
abre todas las puertas
y ventanas. A tientas,
por los senderos del
alquimista sagrado,
navegaremos sueños,
palpando el misterio
de convertir sentires,
lágrima y sonrisa,en
compañeros de viaje.
Lee! Te propongo, lee...